
Este travieso y simpático ser, se presenta armado de dardos, flechas y un arco, su propósito es “flechar” los corazones y unirlos a través de esta mágica acción invisible, pero este cupido no siempre acierta, también se equivoca.
Por alguna extraña razón, ese pequeño niño desnudo (que hasta vuela) se las arreglo para que nos acercáramos, para que nos conociéramos y pusiera mis ojos, mis esperanzas, mi confianza y mi amor en ti; para que empezara a sentir, para que me dejara llevar: entonces te conocí, me perdí en ti, te disfrute, te bese, te ame de mil maneras y sin caer en exageración, para que pasara los mejores momentos de mi vida, para que no pensara, y no pudiera darme cuenta que de una manera lógica y razonable no seria lo optimo, que no funcionaria, que sólo marcarías mi corazón y que luego no podría sacarte, como hasta ahora.
Inexplicablemente he empezado a extrañarte, fuiste el único que supo llegar a mi corazón y llenarlo, lograste cambiar mi razón, le pusiste color a mis días y ahora sin ti no encuentro el camino que me guía; por eso te extraño como si se me escapara el tiempo, los besos me sobran y no sé que hacer con ellos, los abrazos se diluyen en la nada y mis deseos se enardecen de solo imaginarte; cierro mis ojos y veo tu rostro, recuerdo tu sonrisa, escucho tus palabras e imagino engriéndote y te sigo extrañando; doy vueltas sin saber que hacer, preguntándome si alguien te extrañó alguna vez como lo hago yo; he empezado a necesitarte y vuelvo a cerrar mis ojos y esos besos que me invaden los envío con todas mis fuerzas a través de la nada, sorteando sentimientos hasta imaginar que penetran en ti; te extraño por que creo que aun te amo y te amo porque aun te extraño.
Después de no tener ningún tipo de sentimiento al dejarnos, después de pensar que terminar fue lo mejor, después de creer que te había sacado de mi corazón, he vuelto a pensar en ti, justo cuando aparece otra persona en mi vida y trata de hacerme sentir bien, inconcientemente no hago más que compararte y lamentablemente sigues ganando, es que el corazón tiene razones que la razón no entiende y a pesar de tus mil defectos y manías aun así te extraño, siento la necesidad de verte, de que estés a mi lado, de esperar tu visita, tu llamada, tus besos, tus ojos, una canción a tu lado, conversar incasablemente por horas sin mas que hacer que escucharnos; un viernes que no ha vuelto y que hace mucho que no está, ningún viernes de los que ya pasaron significo nada hasta hoy que volví a pensarte, recordarte a desearte.
Espero que esto tenga un final, una fecha de caducidad y que este a punto de vencer, no quisiera vivir el resto de mi vida negándome a otros por tus recuerdos, por volverte a vivir en sueños, por sentirte a través del msn, por escuchar canciones que me llevan a nuestros momentos, esos donde éramos felices en nuestro mundo, nuestra burbuja impenetrable y que dejamos se desmoronara, que se quebrara, que cayera, que nos desprotegiera, que permitió que el fuego no exista más, que la maravilla se desvaneciera, que la pasión muriera, que la llama del amor se apagara, que el desgano y cansancio nos llegara.
Quizás en otra vida todo hubiera sido diferente, el universo hubiera conspirado de manera irreal para que coincidiéramos en el mismo siglo y nuestras vidas se cruzaran casualmente pero concientes de un futuro juntos, tal cual lo planeaste, tal cual lo desee, tal cual lo haríamos real, donde ni el peso del mundo hubiera sido mayor obstáculo, donde tu y yo escribiríamos nuestra historia, el inicio real de una vida entera juntos, más allá de la eternidad.
No me duele no verte sino saber que pude haberte visto cada día de mi vida, no me destruirá el hecho que jamás podré volver a besarte, sino saber que pudimos habernos besado hasta perdernos el uno en el otro.
Pero ahora, en este momento y en este estado de seudo-depresión, te pido a gritos que salgas de mi corazón, que borres las huellas que dejaste, que te lleves los recuerdos que me alborotan y me hacen extrañarte, que me enseñes a olvidarte.
Cupido me flecho erróneamente, seguramente su flecha se corrió un par de grados y falló… falló para desgracia mía. Así que cupido, la próxima vez que se te ocurra entrar en mi mundo, en mi vida, mejor piénsalo dos veces, guarda tus alas y sobretodo tus flechas; no tienes tan buena puntería como crees… Cupido me volviste a jugar mal.